30 días pensando a Homero

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Mes: mayo, 2012

Capítulo más aburrido

La hoguera de los manaties

(Temporada 17, capítulo 1)

Lo que empieza mal termina peor. Y este capítulo muestra con ganas lo mala que fue la temporada 17. De pronto, se salva el capítulo en el que Patty y Selma secuestran a Richard Dean Anderson. Bueno, y el de Bob Patiño, pero solo porque yo defiendo a ese criminal cabeza de palmera con alma, vida y sombrero.

Cada escena de La hoguera de los manatíes es aburrida, tediosa, cansona, fastidiosa y floja. Los diálogos son simplones. Desde el chalkboard soso de Bart: Algún niño hace todavía esto hasta la parte en la que Marge abraza al manatí, uno no sabe si es mejor apagar el televisor y ponerse a leer. Es que ni la tímida esperanza de la película porno ni el deseo de ver el tatuaje del gallo Claudio que tiene Karl en el muslo hacen que uno se anime a ver el final.

Otros que clasifican: la lista sería muy larga, a partir de esta temporada podría ser cualquiera.

Si no tienen sueño y quiere dormir puede ver este capítulo aquí.

 

Personaje inolvidable: Frank Grimes.

“El enemigo de Homero” (temporada 8, capítulo 23)

Homero es perezoso para moverse, impulsivo para actuar y nunca piensa, pero tiene todo lo que medianamente necesita para vivir (en Estados Unidos, claro). Un trabajo de porquería, dos carros, una casa grande, una buena mujer, hijos inquietos, amigos, un perro, un gato y mucha cerveza. No se podría decir que Homero se conforma con lo que la vida le ofrece, es demasiado terco y tramposo como para dejar que cualquiera ponga en riesgo sus (muy básicos) intereses. Sin embargo, no se pone límites y disfruta hasta el último mordisco de dona. En resumen, es un inconsciente sin neuronas, que divierte a los demás a punta de imaginación y se hace querer por su buen corazón. Es un gordo bruto, calvo, haragán, pero simpático.

En cambio, Frank Grimes es el símbolo de la meticulosidad, la perseverancia y la lucha desde abajo para ser alguien. Mejor dicho, es “la maldita lisiada” de la novela. Para él todo ha sido difícil. Hasta Kent Brockman le hizo una reseña en el noticiero, contando su triste historia.

Se las cuento. Sus padres lo abandonaron cuando tenía cuatro años. Nunca pudo ir al colegio. Desde pequeño tuvo que trabajar para sobrevivir. Su primer empleo fue en una empresa de mensajería, entregando regalos a niños ricos. A los 18 años, estuvo en un accidente donde explotó un silo, con él adentro. La recuperación fue larga y dramática, pero logró recuperar el sentido del oído y del tacto (pudo volver a sentir dolor físico, una gran victoria). Luego, para escapar de sus limitaciones, decidió estudiar ciencia por correspondencia. Incluso, se graduó de físico nuclear.

Su futuro parecía lento pero seguro, hasta que se encontró con Homero o cómo él lo llamaba con odio “el cáncer de América”. Su enemigo. Aunque el verdadero problema de “Graimito” como le dice Homero de cariño (él sabe que Frank lo odia, pero igual intenta hacerse querer) no es ni la ignorancia ni la falta de sentido común del gordo de piel amarilla.

Incluso, lo que mata a Grimes tampoco es una locura momentánea ni el intento ridículo de hacer quedar mal a su némesis. Lo que destruye a este cretino, inolvidable para mí, es un sentimiento oscuro, que nunca lo ha dejado ser nadie. Es ese instinto de vivir para compararse con otros o para querer lo de los demás. Muy doloroso, pobre tipo. Al menos se murió en el único capítulo en el que apareció.

Literalmente, la envidia lo electrocutó.

El capítulo aquí

Capítulo que mejor explica cosas de la vida o que más cosas de la vida explica

“Bart vende su alma” (Temporada7, capítulo 4)

Dos historias y una canción. La vida es así de simple.

Gracias a las buenas ideas de Bart, el capítulo empieza con In A Gadda Da Vida, de Iron Butterfly, cantada por los creyentes ciudadanos de Springfield, en la misa dominical. Solo con eso, a uno se le podría ir la vida, en esos 17 minutos de canción.

Pero no. Bart insiste en hacer de las suyas y, mientras limpian el órgano de la iglesia, (es el castigo por propagar la música popular) le dice a Milhouse que el alma no existe, que “esa idea la inventaron para asustar niños, como el coco o Michael Jackson” y le vende su alma por cinco dólares. Claro, no sin antes guardarla en una hoja de papel.

A partir de ese momento, Bart es ignorado hasta por la puerta automática del Kwik-E-Mart. Pierde el aliento. Ya no se ríe, la torpeza de Homero pierde su gracia. No siente nada.

Aunque no es el único que está en la mala.

Moe, cansado de atender a los mismos cinco borrachos de siempre y para no quebrar,  convierte el bar en un restaurante familiar: El Comedor familiar del tío Moe. El hombre más amargado y deprimente del mundo le vende su alma a los nuevos clientes y les promete que, si él no sonríe al llevarles la cuenta, comen gratis.  Moe trata de ser amable,  mas no lo logra.

Fue un buen intento, pero es imposible cambiar una esencia lúgubre y suicida por una porción de papas fritas. Tristemente, el tío Moe vuelve a servirle cerveza a Homero. Esa platica se perdió.

Al otro lado de la ciudad, Bart busca a su amigo, necesita su alma. Milhouse le confiesa que cambió el pedazo de papel por revistas y unas fichas de Alf en la tienda de novedades. Angustiado, el niño le pide a Dios que le devuelva su alma. Llora mucho. Hace conciencia de sí mismo. Cae en la cuenta de que Bart sin Bart no hace viento.

Y al final, la recupera. Bueno, se la traga.

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Alma viene del latín anima (aire, aliento, respiración). La RAE le da prioridad al significado de Aristóteles: “Alma: Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida”.

A esos significados les falta agregar que ese aire que nace con uno, tal vez  muera con uno (Platón que pensaba que el alma es inmortal) pero, mientras está activo es la fuerza que mueve a todos los seres vivos a querer ser o, al menos, a estar.

El capítulo aquí

Frase memorable:

  • “Bueno, si crees que es tan buen negocio, te vendo mi conciencia en 4.50 y le pongo mi decencia también, es el bazar Bartiano, se va todo, señores, se va todo”.
  • “Te acuerdas de Alf, volvió ¡en forma de fichas!”. (Milhouse).
  • “Patatas millonarias de cumpleaños”: “Aquí ya estoy, ya llegó la hora, soy el tío Moe, mil gracias señora, patatas por millones y el tío Moe te admira mientras te las comes”.

Otros capítulos que clasifican:

  • El abuelo y la ineficiencia romántica (temporada 6, capítulo 10)
  • El Sustituto de Lisa (temporada 2, capítulo 19)

Episodio favorito de Tomy & Daly

“Flay me to the moon”

Cuarta temporada. Capítulo “Homero Hereje”.

Que Tomy esté tranquilo en su casa leyendo una noticia sobre el lanzamiento de un cohete y que la luna le caiga encima, no tiene precio.

Otros que clasifican:

  • Scratchtasia: Temporada 6, capítulo 4.
  • Reservoir Cats: Temporada 8, capítulo 13. Ver cómo Daly le corta la cabeza a Tarantino es memorable).
  • The tears of a clone :  Temporada 11,  capítulo 10.  Ver nacer y morir a Tomy hasta que la sangre en la pantalla lo permita.

Mi capítulo favorito

“Y con Maggie son tres”. Sexta temporada.

“¿Por qué no hay fotos de Maggie?” Así empieza otra molesta hora familiar, una noche a la semana en la que no hay televisor ni radio que salven a Bart o a Lisa de escuchar historias llenas de situaciones pegadas con babas, fusionadas con anécdotas sacadas del programa de televisión más popular del momento y que Homero toma prestadas para transformarse ante sus hijos en un hombre más valiente, inteligente y delgado, así la realidad muestre lo contrario.

En esta ocasión, Homero renuncia a la planta nuclear para trabajar en el empleo de sus sueños como acomodador de bolos, en la bolera del tío de Barney. Usa la cabeza de Burns como un bongo. Ajusta sus cuentas para mantener a una familia de cuatro. Y en una noche romántica, celebra con Marge el comienzo de su nueva vida perfecta, con su nuevo empleo perfecto. Y de paso, hace a Maggie.

¿Por qué este capítulo es mi favorito? Porque Homero imita los movimientos de un espermatozoide. Porque se resuelve el misterio de “a dónde van los pinos después de que los tiran”. Porque se quita los tres pelos que le quedan en la cabeza. Porque después de leer sobre marketing avanzado e  introducción al marketing (en ese orden), Homero aplica el significado de mercadotecnia del diccionario básico, ahuyentando a los clientes del boliche con una escopeta.

Aunque me angustia que este sea el único momento en el que Homero se sintió plenamente feliz con su familia y su trabajo, también me divierte su lógica misteriosa, como cuando la mujer de Flanders lo felicita por su trabajo en el Bowlarama y él lo asocia con la llegada de un miembro más a la familia,  siendo que, durante todo el día, medio Springfield lo ha felicitado por la buena nueva de su próximo bebé.

En este capítulo Homero muestra lo desconectado que puede vivir de la realidad y no ver lo que pasa a su alrededor. Sin embargo es un buen hombre. Hace lo que sea necesario para mantener a su familia. Por eso (casi) todos lo amamos.

Cuando tuvo que volver a la planta, en condiciones poco honrosas, Homero se deja someter al castigo del señor Burns por haber abandonado su puesto: una placa “especial desmotivadora para acabar con lo que le queda de espíritu” y que dice: Don’t forget: youre here forever.

Pero él se las ingenia, piensa en su hija recién nacida y lo transforma en esto:

Frase memorable: “…y la domesticación del perro seguía su marcha sin parar”. Homero (Obviamente).

¿Quieren ver el capítulo? Aquí

Otros capítulos que competían:

  • Intercambio cultural. Primera temporada, capítulo 11.
  • Dos autos en cada cochera y tres ojos en cada pez. Segunda temporada, capítulo 4.
  • La ciudad de Nueva York contra Homero. Novena temporada, capítulo 1.
  • Vida prestada. Novena temporada, capítulo 1.
  • El Intermedio. Cuarta temporada, capítulo 19.
  • El diabólico Bart. Sexta temporada, capítulo1.